Me costaba entender cómo podía yo estar ahí. Paré un rato, necesitaba tratar de escuchar la voz que algo me había estado susurrando anoche. Me senté y un tipo atento vestido de garzón me alcanzó un trago. Aquella bebida sabía asquerosa y me dijo cómo a usted le gusta, don Alberto. Sólo por cumplir le di las gracias pero aquello no me gustaba nada. Me levanté hacia la terraza, mucha gente para mi gusto, demasiadas conversaciones y de repente sentía que no conocía a nadie. Necesitaba encender un cigarrillo, me acerqué al primer grupo de charladores y pedí un cigarrillo, sin mentirte, salieron 5,6, algunos ya prendidos, tomé el más cercano y me alejé, musitando un gracias de nuevo sólo por cumplir. El humo me hacía sentir curiosamente más ansioso, dejé el vaso en alguna parte y me alejé lo más posible, casi ocultándome. La noche estaba fresca y con un poco de concentración podía olvidarme de la música,de la multitud, del malestar que me había estado molestando desde hace unos días. De pro...